Rol interpretativo medieval
 
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 Jericho Ibn Sashoureh

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Jericho

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Fecha de inscripción : 18/12/2009

MensajeTema: Jericho Ibn Sashoureh   Sáb Dic 19, 2009 11:10 am

- De primeras, disculpad si la ficha os parece algo larga o tostón para leer. Si hubiera que cambiar algo u omitir alguna cosa, me lo notificais y yo hare la modificación perinente, gracias ^^ -

Nombre: Jericho Ibn Sashoureh [se pronuncia yericó ifn saszúre] (se traduce “Refugio de Luna, hija del Ángel”)

Edad: 16

Lugar de nacimiento: Lo desconoce, tampoco le importa mucho. Solo recuerda que se crió en Acre con un gremio de feriantes.

Descripción física: Es una muchacha de unos aparentes 15 o 16 años, cabello negro azabache lacio, bastante largo, en cortes rectos y normalmente suelto por comodidad. Unos ojos de tono azul pálido que a veces por el tono de piel, parecen brillar con un matiz ambarino casi dorado, ligeramente rasgados, de pequeña pupila y espesas pestañas destacan en una tez canela y un rostro ovalado de facciones suaves y algo afiladas. Su complexión es ágil, fibrada y menuda, de cuerpo tirando a esbelto y busto mínimo pero buenas caderas, con lo que muchas veces a causa de los atuendos que lleva se la puede confundir con un muchacho sin mucha dificultad, ya que suele gustar de prendas holgadas y largas, a ser posible con alguna capa. Alguien observador podría afirmar que por algunos de estos rasgos, Jericho de algún modo es mestiza de aria claramente.

Descripción psicológica: Es chica de pocas palabras, salvo que tenga el día alegre, en su defecto, cuando habla muchas veces son frases cortas, a menos que tenga algo que decir realmente. Tiene un gusto por la sangre curioso cuando de sus presas se trata y un sentido del humor más bien tirando a irónico, y eso se le acentúa más cuando le sale la vena temperamental. Suele gesticular o expresar mas con una mirada que con palabras realmente, dando la sensación de que es bastante taciturna o sencillamente prefiere escuchar más que hablar, aunque realmente en el fondo, quien la llega a conocer, ve que aun sigue siendo una niña curiosa. Sus movimientos por otra parte, llegan incluso a ser medidos y delicados si la situación lo requiere, son los propios de alguien tiene casi pleno autocontrol de su cuerpo y una destreza bien calibrada, acorde con una complexión tan menuda.

Vestimenta: Actualmente tiende a llevar una cómoda camisa sin mangas acordonada a los costados y pantalón ligeramente ceñido de cuero, ambos en negro. Lo que llama la atención es que sobre este, lleva un curioso atuendo blanco con sayo largo, que presumiblemente antaño tuvo que ser religioso, pero parece haber sido modificado con cintillos de cuero, malla ligera, y algunas costuras oscuras que delatan que ha sido arreglado a mano con el tiempo, y disimulando un poco este, una amplia capa también blanca, con capucha, embozo y los bajos hechos jirones por casi arrastrar continuamente. Suele calzar unas sencillas botas altas para poder andar largas distancias con más comodidad. No gusta de llevar abalorios ni adornos caros o complejos, delatando con esto que siempre ha sido de origen humilde, y le gusta lo práctico, no lo incómodo.

Armas:
[Equipo básico de viaje] No es especialmente ofensivo, pero está ligeramente modificado para situaciones de supervivencia, y es con el que Jericho se suele ganar los cuartos desde pequeña. Suele llevar uno o dos de estos, complementando el equipo de la Hermandad según los encargos o misiones.
- Pareja de abanicos de seda (varillas metálicas )
- Juego de cariocas (inofensivas, pero depende de los pesos y si están “cargadas” para prender fuego)
- Puñal con escudo eclesiástico.
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[Equipo de la Hermandad] Es el equipo básico de los asesinos de la hermandad, salvo el puñal, que ha preferido conservar, el resto es el de cualquier miembro o aprendiz del gremio.
- Espada larga
- Un juego de puñales arrojadizos
- Brazal con hoja oculta

Bando: Asesinos, recién ingresando a la hermandad.

Historia:
No sabe donde nació realmente, Jericho comienza a tener consciencia de su vida cuando siendo muy pequeña, convivía con un gremio de feriantes y artistas que tenían su pequeño refugio familiar en Acre. Aun no siendo sangre de aquella gente, la habían acogido y tutelado de forma orgullosa, viendo que aunque introvertida, era observadora, y pronto aprendía trucos, a bailar, a manejar instrumentos de malabar y puestas en escena más complejos sin muchos problemas, y a escudriñar respuestas con el viejo tarot de su madre adoptiva, que leía la mano para ganarse el pan.
Pocos años después y vagando los caminos a otras ciudades, llegó una mala época en la cual muchos de los miembros se vieron obligados a volver al hogar familiar por una epidemia, y viendo que no podían poner en riesgo a los más pequeños, fueron trasladados cada cual a un hogar más seguro en función a lo que supieran hacer para salir adelante… a Jericho la mandaron a acogerse a la iglesia, lo cual no fue fácil debido al recelo de las mujeres en el oficio en aquella época, pero una pequeña suma de dinero lo hizo posible. Como no podía exponerse a actos públicos como los hombres, la niña al menos gracias a saber leer y escribir termina encasillada como seglar y escriba, siendo quien transcribía, y organizaba las escrituras del lugar, viajaba pregonando los llamados a la iglesia y cuidaba de los acogidos cuando no había nadie más para hacerlo.
Lo que la llevo a abrir los ojos acerca de que no todo era tan bonito pese a tener comida, techo y algo con lo que aprender y estar entretenida, fue que la mano que le daba de comer, estaba tan corrupta como los mismísimos bajos fondos, Jericho tras sospechar por algunos encargos de mensajera para fines clandestinos, se entera de que el sacerdote está manipulando a gente influyente de la ciudad para que acallen a golpe de ejecuciones a inocentes que podían airear trapos sucios, como la malversación de los fondos de la iglesia, y las intenciones de vender a la propia Jericho como moneda de cambio para ganarse los favores de templarios y gobernantes para tener inmunidad… La gran mentira hizo ante la impotencia de la niña que en esta despertara cierta ansia de sadismo y tuviera que mancharse las manos de sangre y deshonra por primera vez con 13 años. Mató al sacerdote, expuso el cuerpo en el altar principal con su última carta de chantaje clavada en el cráneo, y se llevó aparte del puñal ceremonial con el que hizo la masacre, un petate con varias prendas y algo de dinero.
Jericho quiere volver con su familia y contarles lo sucedido, pero el revuelo es tan grande que lo último que quiere es causarles problemas, con lo que tan solo hace una fugaz estancia, les deja el dinero para que puedan acomodarse lejos hasta que todo pase y recoge su viejo equipo de viaje para marchar a Jerusalem, sabiendo que haciendo de nuevo algunas representaciones aunque fuera en solitario no le iba a faltar con que ganarse el pan para sobrevivir. Así, y con algunas ideas en mente, como modificar sus abanicos con metal o las propias cariocas para prenderles fuego, a fin de poder para guardarse las espaldas, la joven empieza a vivir en la nueva ciudad, adaptándose a la vida del nómada sin un lugar fijo para no encontrarse con quienes la quieren en la hoguera por traición y herejía. Todo va bien hasta que habiéndose confiado mucho, alguien la delata y no puede hacer frente por estar en desventaja numérica. En plena huida, hay alguien que no duda en parecer apiadarse de la muchacha y la cuela por un callejón, encargándose después de dar buena cuenta a los tres guardias. El problema vino cuando un templario se une a la contienda; el combate hubiera acabado con el salvador de Jericho mucho peor que malherido de no ser porque la joven reacciona y lanza una de las cariocas envueltas en llamas, que aparte del impacto acaba prendiéndole los ropajes al templario y dándole un punto débil a su aliado para rematarlo. La chica tras esto, en un principio piensa huir, pero tras un ofrecimiento acompaña al desconocido de ropajes blancos, aun malherido, que la guía a un lugar bastante recogido a ojos ajenos, donde fue atendido. La casa de los asesinos.
Este fue el primer contacto de Jericho con la hermandad, cuya forma de vivir y su código especialmente la hacían sentirse identificada con su persona. Pasa casi un año, y Malik, quien aún seguía atendiendo esa casa, no deja de verla curiosear de vez en cuando por su tejado, a fin de enterarse de cosas interesantes cuando se aburría, o incluso de ir de vez en cuando a ayudarlo, o a echar un tarot cuando venía alguien a descansar, pese a que en un principio, a ojos del hombre no era más que un cachorro perdido de quien tenía recelos por el aspecto, que le decía que aquella chica tenía algo de ario, como sus enemigos naturales. El problema para su prejuicio era que realmente no era una amenaza, ya que había entrado en contacto con ellos respetando el credo y así se había mantenido pese a las visitas ocasionales. No había comprometido a nadie y pasaba desapercibida cuando quería ir allí. Un día tiene que resignarse y aceptar que quizás aquello no estaba tan mal, y le comenta a Jericho acerca de que considere una oportunidad de unirse a la hermandad, la joven medio recela en un principio, ya que no ha sido mujer de armas realmente, pero por algún motivo, acaba convencida después de que Malik le diga que en cierta forma ya tiene medio camino hecho, ya que lo de aprender deprisa y tener cierta destreza natural le facilitaría mucho las cosas , y ella piensa que después de todo, no sería muy diferente a lo que ha estado haciendo hasta ahora, salvo por el hecho de ir quitando vidas, pero era un precio que había que aceptar, quizás así, con el tiempo pudiera descubrir por qué realmente los que decían que representaban la fe, no eran más que gente que usaba la guerra, a sus contactos y la palabra de dios como marionetas y monedas de cambio… pero ¿ese fin justificaba realmente los medios?
Jericho finalmente acude al Masyaf con una recomendación desde Jerusalem, y pese a encontrarse con los mismos recelos que tuvo Malik en su día por parte de muchos, termina ingresando como aprendiz de la hermandad. Aun siendo así, no ha querido perder sus costumbres, y aunque le insisten mucho para que se aplique a aprender a luchar mejor con la espada, no le han podido negar que esa técnica tan extraña de usar las cariocas prendidas en fuego para no dar un punto fijo al que atacar o el abanico como modo de desviar golpes cuerpo a cuerpo, podía ser útil, pero que quizás con el tiempo aprendiera que el arte de la guerra, no era solo arte en si como su técnica propia.
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